Palabras del Rector

Palabras del Rector

 

Queridos miembros de la gran familia de la Universidad San Ignacio de Loyola,

Tras mi nombramiento como rector, que he aceptado con un profundo espíritu de servicio, deseo que mis primeras palabras sean de sincero agradecimiento al Presidente Fundador, D. Raúl Diez Canseco Terry, a la Presidenta Ejecutiva, Dra. Luciana de la Fuente, a nuestro CEO, D. Juan Manuel Ostoja, a todos los miembros del directorio de nuestra corporación educativa y, muy especialmente, a mi querido predecesor, Dr. Ramiro Salas, rector emérito. Gracias por la enorme confianza y responsabilidad que han depositado en mí.

La Universidad es una institución nacida con vocación de permanencia y cada ladrillo que se coloca en el edificio del conocimiento es el resultado de un esfuerzo previo, de una servidumbre que solo se comprende desde la grandeza de la vocación universitaria. Soy consciente del gran legado que recibimos y estamos prestos a multiplicar el talento que hoy se nos entrega con la ayuda de todos y cada uno de los integrantes de nuestra comunidad.

Recibo este encargo en medio de una crisis global sanitaria y económica, agravada por el colapso de nuestra propia convivencia social. Urge restablecer el camino de la paz. Dicho sendero de paz y unidad encuentra su raíz, su centro y origen en la Universidad. En efecto, la Universidad es la casa de la unidad, de la convivencia social y de la verdadera Peruanidad. La Universidad cumple este papel porque está fundada en dos principios esenciales: razón y libertad. Ratio et libertas son las columnas sobre las que se construye el saber superior. La Universidad es racional porque es libre y es libre porque busca la verdad en todas sus dimensiones racionales.

La ratio aspira a la más alta calidad. Y la más alta calidad depende de la excelencia del profesorado. “The right man in the right place” decía Miguel de Unamuno, el histórico rector de la Universidad de Salamanca. La libertas está en función de la capacidad de diálogo, de la libertad de cátedra, de pensamiento, de opinión, de conciencia. La Universidad no abraza ni defiende un pensamiento único. Por el contrario, fomenta el diálogo científico, el respeto y la máxima tolerancia. Este es el destino de la Universidad: crear una sociedad de ciudadanos libres y responsables que defiendan el Derecho, la verdad y las instituciones por encima de las pulsiones tiránicas, el sectarismo ideológico o el vaivén de lo público. Solo el equilibrio entre ratio y libertas permite concentrarnos en el protagonista indiscutible del proceso universitario: el alumno.

La excelencia académica de cada estudiante es el fin supremo de la Universidad. Por eso, la relación fundamental de la academia es la que se produce entre el alumno y su maestro. El catedrático aporta su auctoritas, su saber socialmente reconocido. El discípulo, el poder de preguntar, la potestas del que quiere aprender. Así, como bien sostuvo mi maestro Álvaro d’Ors, “pregunta el que puede y responde el que sabe”. La Universidad existe para asegurar el encuentro humano entre el maestro y el alumno, entre el mejor maestro posible y el mejor alumno que acude para alcanzar el saber superior. ¿Cómo aseguramos que este encuentro se realice a cabo de la mejor forma en nuestra Universidad? El largo camino de la excelencia que iniciamos hace veinticinco años es claro y seguro. Conviene recordarlo sin abandonar lo que juntos ya hemos recorrido.

Por eso, ante una crisis sanitaria, social, política y económica tan profunda, la Universidad debe crear espacios de diálogo y debate que fomenten la regeneración de nuestro querido país. Afortunadamente, nuestro proyecto académico está bien perfilado. Somos la Universidad que forma a los emprendedores del Bicentenario. Somos una universidad internacional, global, con un pilar de sostenibilidad consolidado y con un plan de investigación que rápidamente se está convirtiendo en el eje de nuestro esfuerzo institucional. La Universidad San Ignacio de Loyola está plenamente comprometida con la realidad nacional porque presenta soluciones realistas a los grandes problemas del país. Y a la propuesta siempre ha seguido la acción. Pienso, por ejemplo, en el amplísimo programa de becas que durante años hemos promovido en todos los niveles, con miles de beneficiados y en la robusta y continua acción social desplegada en todo el Perú, desde Lima hasta Occopata, con el fin de aliviar la pobreza de nuestros compatriotas.

Servir al Perú formando a los mejores profesionales del futuro, aportando ideas frescas al debate social y una concepción ética de la existencia humana son las aspiraciones trascendentes de nuestra universidad. Este servicio, tan real como intangible, debe plasmarse en objetivos concretos que muestren nuestras prioridades y reflejen nuestras señas de identidad. Por ello propongo siete campos a los que hemos de dar inmediata preeminencia:

- La formación y consolidación de un claustro propio que incorpore a los mejores alumnos de cada una de nuestras Facultades. La consolidación de este claustro pasa por su internacionalización con el más alto grado de la carrera académica, el doctorado. La meta es lograr Facultades gobernadas por egresados del más alto nivel que aseguren un trabajo científico de alta calidad y plenamente competitivo. Además, el reforzamiento del claustro pasa por la incorporación de catedráticos de primer nivel nacional e internacional.

- El fortalecimiento de la investigación multidisciplinar con la puesta en marcha de centros de investigación internacionales (research university), como el Instituto de Ciencias de los Alimentos y Nutrición (ICAN) y sendas cátedras Universidad-Empresa que propongan soluciones a los problemas del país. Para ello es fundamental la promoción de la carrera del investigador incardinado en el claustro propio de cada Facultad.

- La multiplicación de nuestra oferta de postgrado, con especial énfasis en las maestrías y doctorados, para asegurar la expansión de la Universidad a nivel nacional e internacional. La opción preferencial por el egresado debe plasmarse en un engarce adecuado con el desarrollo de la educación continua (continuing education) lo que permitirá que la USIL se presente como una universidad orientada a la especialización de alto impacto.

- La afirmación de la identidad global de la universidad (global university) mediante un programa decisivo de alianzas estratégicas con las mejores universidades del mundo promovidas en función a los objetivos académicos de cada Facultad, objetivos alineados a las variables de los rankings internacionales. La movilidad del profesorado y del alumnado debe multiplicarse y facilitarse para consolidar la dimensión internacional del claustro.

- La creación de una unidad de fundraising para incrementar nuestro fondo de becas con el fin de lograr que ningún emprendedor que quiera estudiar en nuestra universidad deje de hacerlo por falta de recursos. Para eso es fundamental el fortalecimiento de nuestra red de ALUMNI que siempre está presta a colaborar con el desarrollo de su casa de estudios de manera solidaria, inclusiva y empática.

- La apuesta decidida por la innovación total, que debe reflejarse en la simplificación de los procedimientos administrativos propios de la universidad, en la multiplicación de los entornos de eficiencia y en el redimensionamiento de las unidades de apoyo a la academia. Asimismo, la innovación, sin dejar de ser transversal promueve decididamente nuestro nuevo modelo cultural, el MODO USIL, la gran apuesta innovadora que impulsa el bienestar integral de nuestra comunidad universitaria. Nos preocupamos por la salud, la nutrición y el desarrollo de toda la familia USIL. Así, holísticamente, buscamos complementar nuestro modelo educativo formando profesionales íntegros y ciudadanos éticamente responsables.

- La consolidación de una universidad orientada a las nuevas tecnologías y a la digitalización de sus procesos académicos y administrativos. Caminamos hacia las universidades híbridas, superadoras de la formación on line y lo presencial. Se impone el modelo on life, síntesis que nos permite el tránsito hacia una universidad digitalmente competente.

Afronto mi oficio y servicio rectoral firmemente apoyado en el talento y la excelencia de todos y cada uno de los trabajadores de la USIL. Aspiramos a ser la mejor universidad privada del Perú. No nos conformamos con menos. Este objetivo necesita del concurso de todas nuestras fuerzas. Alumnos, egresados, profesores, trabajadores, directivos. Todos tenemos que remar en la misma dirección. Juntos seremos capaces de lograr todo lo que nos hemos propuesto. Pienso en San Ignacio de Loyola, un santo universitario, inconformista y luchador, que pasó por los claustros de Alcalá, Salamanca y París. Quiso formarse para formar a los demás y así transformar el mundo. Nosotros, que tenemos el gran honor y la enorme responsabilidad de llevar su nombre, debemos seguir ese ejemplo universal que supera tiempo y espacio. Nos formamos para servir. Formarnos a los estudiantes para amar a nuestro país. Y los formamos en razón y libertad. Este tres de diciembre, día de uno de sus discípulos, San Francisco Javier, y día del viejo reino de Navarra, la tierra donde estudié durante años, ruego a San Ignacio que guíe a nuestra universidad por el camino de la excelencia y del servicio al Perú y al mundo. Y a la Santísima Virgen, Trono de Sabiduría, encomiendo esta gestión que hoy inicio con esperanza e ilusión.

 

Martín Santiváñez Vivanco

Rector de la Universidad San Ignacio de Loyola

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